viernes, 1 de enero de 2010

Lluvias de invierno

Son los días grises y desapacibles.

Metáfora pertinaz para un alma que, quise

y no pude, guardar del dolor.

No veo el sol desde que postrado, luchas lejos

muy lejos de aquí, en combate desigual y solitario.

Oprimo mis labios, aprieto los puños hasta hacerme sangre.

Contengo las lágrimas. Te llamo y no llegas.

Desesperanza e incertidumbre repiquetean en el tejado

al son de las impertinentes gotas de esta lluvia zafia y tramposa.

Llegarán los días de sol- me digo-. Y si no llegan, esta vez quizá

sí que llueva eternamente. Y entonces ya no habrá salvación.